Desarrollo emocional

La educación emocional en nuestros niños

¿Qué importancia le damos hoy a la educación emocional? En una sociedad competitiva como la nuestra el llamado a ser independientes y autónomos resuena constantemente en nuestros oídos. Son numerosas las personas, familiares, e incluso profesionales e instituciones las que insisten en que se acostumbre a los bebés a resolver sus conflictos solos desde la cuna, bajo la creencia de que de esta manera, se les estará ayudando a ser independientes. La verdad es que, desde una perspectiva biopsicosocial, sabemos que la primeria infancia es una etapa de todo, menos independiente. El estado de vulnerabilidad en la que nace la cría humana requiere para sobrevivir de un adulto responsable que lo cuide. Esa dependencia no es sólo física en cuanto a alimentación y cobijo se trata, esa dependencia es también emocional.

Como muchos saben, los bebés nacen con un cerebro que se encuentra aún en desarrollo, los primeros 3 años son, como lo diría Po, de una barbarosidad y atractosividad increíbles. Nunca más el cerebro y sus conexiones crecerán tan rápido como en este periodo de tiempo. Hoy, gracias a los avances en la investigación científica, sabemos también, que un niño que pasa este tiempo rodeado de amor y cubierto en sus necesidades físicas, afectivas y emocionales, se desarrollará saludablemente y mejor. El estrés, la indiferencia, el poco contacto físico son neurotóxicos para un cerebro en desarrollo. Así de simple, así de cierto.

Con esto en mente, es que les hablo de “educación” emocional. ¿Por qué educación? Pues porque así como los niños adquieren hábitos cognitivos y actitudinales rutinarios (tales como hábitos de estudio o de higiene personal), también adquieren hábitos emocionales, de los cuales surgen sentimientos, deseos y preferencias. Estos hábitos emocionales funcionan como mecanismos de interpretación de las experiencias vividas y se convierten, por lo tanto, en los lentes a través de los cuáles ellos comprenden el mundo. Es aquí donde nos metemos de lleno en el entendimiento del desarrollo evolutivo y emocional. Por años se trató de estudiar la conducta por separado de la cognición, y a su vez, todo separado del mundo emocional. Pues la verdad es que la emoción se funde con el pensamiento. Aun cuando las áreas de nuestro cerebro racional funcionen perfecto, si la zona límbica se encuentra dañada, la persona podrá razonar y analizar sin problemas, mas no podrá actuar. No podrá tomar decisiones y por lo tanto, no será autónomo. Famoso es el caso de Phineas Gage, un obrero norteamericano que a raíz de un accidente laboral que terminó con una barra de metal incrustada en su cerebro, lesionando las zonas encargadas de la regulación emocional, demostró empíricamente que el pensamiento no es independiente de las emociones, y que lo uno no funciona bien sin lo otro.  ¿Qué nos dice esto? Nos dice que si no trabajamos y educamos las emociones de nuestros hijos, difícilmente lograremos que sean verdaderamente autónomos e independientes. Un niño que fue presionado a funcionar solo, a consolarse solo, a calmarse solo, posiblemente será un adulto con una valoración de sí mismo disminuida que dependerá emocionalmente de terceros para sentirse aprobado, validado y aceptado. Podrá funcionar aparentemente bien, podrá actuar sobre su entorno, pero si siempre está comparándose con los demás y dependiendo del resto, jamás será libre. Esa visión separatista del ser humano, termina aislando los procesos de desarrollo, creando la falsa imagen de que pensamiento y emociones son cosas distintas y funcionan de manera independiente. La verdad es que para guiar la conducta, para educar realmente, debemos trabajar con ambas simultáneamente. Yendo más allá, la educación emocional pretende encargarse del sujeto “entero”, donde, desde una mirada sistémica, todos los elementos de su ser interactúan. Es así como las vivencias influyen en las creencias, las que a su vez influyen en los sentimientos y emociones, los que intervienen en la acción y la acción vuelve a la experiencia, manteniendo así el círculo representativo.

La educación emocional tiene entonces objetivos que cumplir, y entre ellos se encuentra primero que todo, promover la capacidad de reconocer los sentimientos y emociones que emergen de la experiencia. Busca a su vez que esos sentimientos se acoplen a creencias sanas, que una vez interactuando con el pensamiento orienten la conducta de manera positiva para sí mismo y para su entorno. Con la educación de las emociones queremos enseñar hábitos emocionales sanos y facilitar su control.

La EDUCACION emocional nos permite distinguir las emociones que surgen a diario, poder darles un nombre a cada una, y asociarla a la experiencia que la produce. Con este primer entendimiento, es posible potenciar hábitos emocionales más sanos, que unan sentimientos a creencias acordes a las vivencias, esto quiere decir, que si una situación me produce tristeza, pueda asociar esa tristeza a un creencia saludable como: todos sentimos tristeza por determinadas cosas, a mí me produce pena lo siguiente, porque me recuerda un episodio, pero pronto pasará. Y ya está. Vivir nuestras emociones implica sentir aquellas que son displacenteras, no sólo aquellas que son agradables. Saber que las emociones son transitorias y se transforman nos da la seguridad de que todo momento triste, aunque parezca inmutable y eterno, pasará. Para todos quienes vieron Intensamente (y si no lo han hecho, HÁGANLO), Alegría sólo fue realmente completa cuando trabajó de la mano con Tristeza. Cada emoción moviliza a la acción. Lo que nos permite la educación emocional, es discernir qué acción es más pertinente y asertiva en cada situación.

De nosotros como padres depende encontrar y aprovechar las instancias para hacer que nuestros hijos posean las herramientas para desenvolverse en el mundo y construir un futuro mejor. No olvidemos que la educación emocional, es algo que dura toda la vida. Mientras educamos a nuestros hijos, ellos nos educan a nosotros; aprendemos con ellos a respetar tiempos, procesos, a leer claves que nos permiten saber hasta dónde podemos llegar con ellos. Y si necesitamos una verdadera inspiración, siempre podemos pensar en el genio atemporal de la parentalidad respetuosa: el eterno Crush, de “Buscando a Nemo” (a no confundir con el Sr. Tortuga, su padre), y el consejo de sabiduría ancestral que nos ha legado: “¿Cómo sabes cuándo están listos? – Realmente nunca se sabe, pero cuando ellos saben, tú sabes, ¿entiendes?”

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Da para pensar.

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2 comentarios sobre “La educación emocional en nuestros niños

  1. Las emociones dependen de nosotros como padres, esta informacion es concreta, a pensa como actuar, mejorar las emociones con nuestros hijos y a no equivocarnos mas, gracias por compatir excelente documental.

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